dimarts, 2 d’abril del 2019

Mis inicios en la maternidad...

¡Hola! 

Hace días que no escribo, pero hoy lo voy a hacer y aviso que ¡va a ser un texto largo!
Hoy os vengo a hablar de mi introducción a la maternidad, con el nacimiento de mi hija Martina y como nos ha ido en estos 8 años.

Martina fue una bebé deseada, querida, tranquila y curiosa. Hicimos lactancia materna, comió triturados hasta que pidió comer como nosotros... respetamos sus tiempos de desarrollo: no forzamos a andar, no forzamos a comer, no forzamos a quitar el pañal... La podíamos llevar a todas partes, jugaba, reía, le encantaban las cosquillas, etc. A nuestro entender era una niña más, con su desarrollo normal. O eso era lo que nosotros creíamos.

Sobre los 18 meses, Martina dejó de decir "papa" y "mama". Solo decía "agua", "jamon" pero se sabía los diálogos de Pocoyó... Mi suegra, que había trabajado como maestra durante toda su vida y nos ayudaba con mi hija nos comentó un día : a esta niña le pasa algo, no sé el qué, pero algo le pasa. Como estábamos cerca de que empezara P2 en el colegio donde ella había trabajado, le comenté que esperáramos a ver como empezaba el colegio porque igual, al estar con más niños de su edad, tendría otros modelos y evolucionaría. No fue así. Al mes de haber empezado el curso, nos concertaron una reunión con su maestra y con la psicóloga de la escuela. Nos comentaron que veían a Martina adaptada a la escuela (iba contenta, no lloraba cuando nos íbamos...) pero nos comentaron que tenía unas conductas inadecuadas, que no hablaba y que a pesar de ser de las mayores de la clase (Martina nació en enero), todavía llevaba pañal y no parecía tener intención de dejarlos. Nos recomendaron ir al CDIAP (Centro de Desarrollo Infantil y Atención Precoz). Nosotros, como padres primerizos y responsables aceptamos que nos derivaran. 

Cuando hicimos la primera visita en el CEDIAP de nuestro pueblo, dos psicólogas nos avasallaron a preguntas: como había ido el embarazo de Martina, como había sido el parto, tipo de alimentación, como era su sueño, cuando empezó a gatear, a andar... y llegamos a la cuestión de sus conductas: cuando tenía sed, lo pedía ella? Cuando quería jugar a algo, lo pedía ella? Seguía las rutinas de la clase? La respuesta a todas esas preguntas era que NO. Allí ya saltaron las alarmas y nos dejaron unos cuestionarios para que los rellenaran en la escuela y otros para nosotros. Una vez en casa, repasamos los cuestionarios y vimos que eran cuestionarios para diagnosticar el Trastorno del Espectro Autista (TEA). Jarrón de agua fría. Nos pusimos a rellenarlo y vimos que muchas de las cuestiones que se nos planteaban con Martina no se aplicaban, pero otras que sí. Cuando ya tuvimos nuestro cuestionario y el de la escuela cumplimentado y en manos del CEDIAP solo teníamos que esperar a que nos dijeran qué pasaba con Martina. Si habíamos empezado con la reunión del cole en octubre, en marzo nos confirmaban en el CEDIAP que Martina puntuaba en TEA: Tenía problemas con la intención comunicativa, tenía un lenguaje muy limitado para tener 27 meses, se escapaba en clase, le encantaba estarse horas con un palo de agua que había en clase (tanto que su profesora tubo que esconderlo...), no miraba a los ojos, no respondía siempre a su nombre... Os podéis imaginar como nos sentimos... 

Cuando nos dieron el diagnóstico, yo no podía parar de llorar. Llorar por impotencia, por miedo a la incertidumbre, llorar por Martina porque no sabía si podría a llegar a ser una persona adulta independiente, por si sería una niña aceptada en el colegio, si sufriría bullying como lo sufrí yo... la psicóloga que nos acompañaba nos dijo que no nos podía decir si Martina hablaría ni como evolucionaría. Cuando le preguntamos en qué se basaba para dar ese diagnóstico nos soltó con un "o se está dentro del espectro o se está fuera, puntúa o no puntúa". Esa fue su respuesta. Y lo que más me dolió en ese momento fue, que al ver mi reacción, comentó: "todos queremos que nuestros hijos sean médicos o abogados". Allí no puedo más y le espeté: "yo lo que quiero para mi hija es que sea feliz. Si lo tiene que ser siendo médico, le pagaré la carrera de medicina cueste lo que cueste, pero si es feliz siendo costurera, yo seré la que le compre su primera máquina de coser". 

Después de esa reunión, tuvimos claro que nos teníamos que poner manos a la obra para estimular a Martina. Decidimos que si el principal problema era su lenguaje, íbamos a buscar un profesional que la ayudara. Aquí sí que tuve que tirar de conocidos, amigas de la universidad, hermanas de amigas... Gracias a una compañera de universidad durante un par de cursos y que ahora es logopeda en su centro en Vilanova i la Geltrú (Centre Aprèn+) nos recomendó que empezáramos terapia con una amiga suya que trabajaba en nuestro pueblo. ¡No se lo agradecemos lo suficiente! M enseguida conectó con Martina, nos desaconsejó usar pictogramas puesto que Martina tenía lenguaje (ecolálico, pero lo tenía) y cuando la peque salía de sus sesiones veíamos que avanzaba. 

Otra terapia que probamos por recomendación de una psicóloga infantil hermana de una amiga fue la Integración Sensorial. Contactamos con el CEIB  y nos propusieron de hacer una semana de terapia intensiva. Decidimos probar, total, no le haría ningún daño. Teníamos que intentarlo. Que como fue? Me cambiaron a Martina en tres días. Literal. Iba cogida de mi mano por la calle, hablaba más, miraba más a los ojos, tenía más intención comunicativa... des de aquel intensivo se sucedieron unos cuantos más, además de apuntarla a las colonias urbanas y a las colonias de una semana en una casa de colonias. 

Además, continuó con sus sesiones semanales de psicóloga en el CEDIAP hasta los 5,5 años y cuando nos dieron el alta, continuó con las visitas en el CSMIJ y con psicóloga privada.

A día de hoy, en el que Martina tiene 8 años y ya va a segundo de primaria en la misma escuela que empezó, tengo claro que todo lo que hemos hecho ha tenido una repercusión positiva para su desarrollo. Es una niña querida en la escuela, todo el mundo la conoce, es feliz en su clase participando de las actividades diarias, trabajando como lo hacen sus compañeros. También hay que decir que las profesoras que ha tenido Martina durante su tiempo escolar se han preocupado de entenderla y de que sus compañeros quisieran estar con ella. Fuera de la escuela, es una niña que disfruta con sus clases de pintura, de música y de Mugendo. 

Creo que mi hija es un ejemplo de como se puede tirar adelante si los distintos actores se coordinan y aúnan sus fuerzas para que ella salga adelante. Des de su familia, la escuela, los terapeutas que la han tratado durante todo este tiempo, los profesores de las extraescolares que se preocupan por ella... Todos vemos que vivimos en una sociedad diversa que ya se refleja en los niños pequeños. Si de adultos queremos respeto, empatía y cooperación con nuestros compañeros, debemos transmitirlo a nuestros pequeños, sean nuestros hijos, sobrinos, vecinos o hijos de amigos. 

Hoy es el Día Mundial de la Concienciación sobre el Autismo. Es por eso que he escrito esta entrada. Porque el inicio de mi maternidad vino vinculado con este trastorno que va a vivir con nosotros para siempre. Des de este pequeño espacio de internet, quiero pedir más tolerancia a la diversidad, más inclusión y más empatía en nuestra sociedad. Soy consciente que Martina ha trabajado duro para poder llegar hasta donde ha llegado y le (nos) queda mucho trabajo para que llegue a tener una vida autónoma, pero no nos rendiremos. 

Gracias por leer nuestra historia y espero que a partir de ahora cuando veáis a un niño con una rabieta descomunal que no la calma nada, o que veáis que se tapa los oídos ante un sonido fuerte, o que se escapa corriendo... no lo juzguéis. No sabéis qué está viviendo esa familia, ni ese niño. 

¡Hasta pronto!

4 comentaris:

  1. Una historia preciosa, real y debería ser normal porque hay muchas Martinas en él mundo que necesitan que las veamos como a Martina, Carmen, Juan o Pedro, no como el niño o la niña diferente.

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    Respostes
    1. Muchas gracias por tu comentario. Totalmente de acuerdo, debemos verlos como los niños que son y tratarlos para que sean unos adultos más con una vida normal.

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  2. Una història molt bonica, Irene. Jo tinc alumnes diagnosticats amb TEA que saben desenvolupar-se la mar de bé a la classe, fins i tot el seu rendiment és molt millor que el d'altres alumnes que no tenen cap mena de diagnòstic. Continueu lluitant com fins ara!

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  3. Hola Irene, desconeixia que la Martina era autista i tot el que has explicat. Moltes gràcies per compartir-ho. Ens fas més savis a tots. Des de les biblioteques treballem per a la inclusió social. Ara quan ho faci ho faré pensaré en tu i les Martines... i tindrà més sentit. Gràcies.

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